sábado, 13 de diciembre de 2014

De la violencia contra la policía y del significado de la valentía

Soy policía desde hace más de 10 años. Cuando entré en la escuela allá por el 2003, era un joven ilusionado por aprender el que consideraba un noble oficio. Algunos amigos me preguntaban si no tenía miedo, dado que ser policía era peligroso. Yo no entendía la pregunta. ¿Riesgo? Sí, vale. ¿Peligroso? No más que otros trabajos mucho peor pagados.
Ya he dicho que por aquel entonces era joven y por supuesto algo inocente. Tuve la gran suerte de comenzar a trabajar durante la que yo llamo, “La Edad de Oro de la Policía Española”. Los cuerpos policiales españoles estaban bien vistos por la ciudadanía, la profesionalidad y la modernidad eran la nueva norma, la delincuencia violenta se había reducido, y en general la peligrosidad ya no era la misma que antaño.
Hace unos años, todos los que nos dedicamos a esto, percibimos un ligero cambio de rumbo. Aumentaron los atentados a agente de la autoridad de “qué divertido es pegarse con la policía", las faltas de respeto de “voy a tocarle a éste los cojones”, las resistencias de “no me dejo detener porque no me da la gana”, y las desobediencias de “voy a llevarle la contraria porque me apetece”.
No fue algo brusco, más bien progresivo, pero en estos años no han dejado de aumentar estos casos, alcanzando niveles realmente alarmantes. Y no solo me refiero a los ilícitos penales cometidos contra los policías, sino también a los delitos violentos. El aumento de los atracos, los robos violentos en via pública y dentro de los domicilios.
Pero como policía me preocupan más los otros casos, los que se cometen contra policías. Cuando oyes frases como “que te insulten va en tu sueldo”, sabes que las cosas no están bien. Cuando ves que un grupo de jóvenes turistas franceses, que se están pegando entre ellos, se giran a practicar artes marciales contra una furgoneta entera de antidisturbios, simplemente porque es divertido, sabes que las cosas están realmente mal.
Desde luego los trágicos acontecimientos de los últimos meses (y sobretodo de los últimos días) me hacen replantearme qué está pasando realmente.

Es difícil encontrar una explicación a este fenómeno, y posiblemente más de un factor haya contribuido a ello. Y uno de esos factores es sin duda la laxitud del sistema judicial, que a la larga ha provocado una grave desprotección jurídica a los agentes de la autoridad.
¿A qué llamo laxitud judicial? A que una conducta que es delito en el código penal, sea una y otra vez condenada como una falta. Es bastante incoherente que pegar a un policía conlleve una multa de 60 euros. Se llega a dar la paradoja de que casi es más rentable darle un puñetazo a un policía que dejar que te ponga una multa (y seguramente más gratificante para más de uno).
Es triste ver como basta una búsqueda rápida por internet para encontrar a muchos de esos sujetos regodeándose y enorgulleciéndose de sus actos. Algunos hasta se consideran valientes.

¿Pero qué es ser valiente? ¿Os parecen valientes esos chavales que insultan a la policía desde lejos, pero que salen corriendo cuando van a identificarlos? ¿Es valiente el individuo a cara tapada que le lanza una piedra a la cabeza a un policía? ¿Es valiente acuchillar por la espalda a un policía que te ha tratado con educación y respeto? ¿Es valiente intentar degollar, de manera sorpresiva y a traición, a un policía que está intentando ayudarte? ¿Es valiente el atracador que toma como rehén a una persona inocente y la utiliza de escudo humano para acribillar a dos policías?
En algunos medios, y desde algunos sectores de la sociedad, así lo parece, alentando ese tipo de actos, o dándole voz y credibilidad a un delincuente antes que a un grupo de policías condecorados.

Yo os explicaré qué es la valentía. Valiente es ese grupo de policías que mantiene la calma ante un grupo de personas que te está insultando y amenazando. Valiente son esos policías que entran en un edificio lleno de radicales violentos, porque una orden judicial así lo ordena. Valiente es mediar en una pelea entre individuos peligrosos, aportando calma y serenidad. Valiente es intervenir en un accidente grave, con el tráfico rodado pasando a tu lado a más de ciento veinte quilómetros por hora. Valiente es entrar en un edificio incendiado para salvar una vida. Valiente es lanzarse a reducir a un tipo que es más grande que varios policías juntos. Valiente es el que entra en el piso franco de una célula terrorista, sabiendo que probablemente estén armados. Valiente es el que sale detrás de un ladrón, aunque sea por los tejados. Valiente es el que sale detrás de unos tipos armados que acaban de atracar un prostíbulo.
Y sobretodo, sobretodo… Valiente es, después de recibir un ataque sorpresa en el que te han intentado degollar, salir corriendo detrás de tu agresor, a pesar de tener el cuello literalmente rajado, y detenerlo. Valiente es el que es capaz de reaccionar con calma y serenidad ante un atracador armado con una rehén. Valiente es ser capaz de asistir las heridas de tu compañera caída, cuando tienes varias heridas graves de bala.

Quien no sea capaz de ver ahí la valentía, es que tiene un grave problema. Y esa parte de la sociedad y esos medios que no consideran esos actos como sinónimo de valentía, tendrían que empezar a hacer un autoanálisis, porque en su particular universo las cosas no están bien.
En cuanto a cómo empezar a cambiar esa tendencia del aumento de los ilícitos violentos, yo no tengo una varita mágica. Pero quizá serviría empezar a no justificar ciertos actos, a no ser tan laxos, y a empezar a aplicar la ley de una manera eficiente y eficaz, sin medias tintas. Como suelen decir algunos policías: “Tolerancia toda, impunidad cero”.
Porque cada día que pasa, cada vez hay más policías que se ven obligados a demostrar su valentía en la calle. Y, desgraciadamente, no siempre regresan a casa sanos y salvos.

Esto va por vosotros, compañeros. Los que estáis, y los que os habéis ido.

Porque vosotros sí que ya lo habéis demostrado de sobras.

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